LA PARÁBOLA DEL LÁZARO Y EL HOMBRE – LUCAS: 16, 19-28 – 16, 26-31 - RESUMEN


EL LÁZARO Y EL HOMBRE – LUCAS: 16, 19-28 – 16, 26-31 

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y lino fino, y hacía cada día un espléndido banquete.

Había también un mendigo llamado Lázaro que, echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico, y venían los perros y le lamían las llagas.

 Aconteció que murió el mendigo y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. 

Y murió también el rico y fue sepultado; en el infierno este alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno. 

Y el rico, gritando, suplicó: 
“Padre, ten misericordia y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo y refresque mi lengua porque me atormento con esta llama”… 

Pero Abraham le dijo: 
“Acuérdate de que recibiste tus bienes y Lázaro, sus males; mas ahora este es consolado y tú, atormentado… además, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros; así, los que quisieren pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá”. 

El rico insistió: 
 “Te ruego, entonces, que lo envíes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos para que les testifique, y no vengan ellos a este lugar de tormento”. 

Y Abraham contestó: 
“A Moisés y los profetas tienen, óiganlos”. 

El rijo dijo: 
“No, padre Abraham; si alguno fuere a ellos de entre los muerto, se arrepentirán”. 

Mas Abraham sentenció: 
 “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, aunque alguno se levantare de los muertos” 

Interpretación: Jesús anuncia la severidad de su Padre al momento de juzgar a los hombres. Más si el ostentoso ha sido cruel con su prójimo, no solo por sus actos, sino, peor aún, por su omisión ante el dolor ajeno. Eso no podrá perdonarlo.

Fuente: Colección Amiguitos

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