CUENTOS SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO


EL PUEBLO QUE SE QUEDO SIN NIÑOS

Hace mucho tiempo había un valle en el que no vivía nadie. Un día llegó un grupo de hombres y mujeres jóvenes… levantaron sus casas, labraron los campos, criaron ganado y tuvieron hijos.

Una tarde de tormenta, cayó un rayo que incendió un árbol. El fuego se extendió rápidamente.

Los hombres y las mujeres huyeron del fuego, pero cuando se encontraron en lo alto de la montaña, se dieron cuanta que nadie se había acordado de los niños.

El incendio se apagó y las gentes volvieron, pero los niños ya no estaban allí. ¿Qué había pasado con ellos? Pasó algún tiempo y en el pueblo nacieron otros niños. A los padres se les fue pasando la pena de haber perdido a sus hijos mayores y volvieron a cultivar los campos y a cuidar el ganado…

Hasta que una mañana después de tres días de lluvia el río se desbordó.
Los hombres y las mujeres huyeron a las montañas. Cada uno pensó que otro se ocuparía de los niños… pero cuando se encontraron todos en lo alto de las montañas se dieron cuenta que nadie se había acordado de los niños.

Salió el sol y las aguas descendieron. Las gentes volvieron al valle, pero los niños ya no estaban. ¿Qué habría sido de ellos? Pasaron los años y los habitantes del valle estaban cada día más tristes y cada día más viejos…

Ya no podían tener más hijos porque eran mayores. Casi no tenían fuerzas para cultivar los campos ni para cuidar el ganado.

Cada día vivían peor y empezaron a pasar hambre…

Hasta que un día apareció algo extraordinario: por el río apareció una balsa… Y en ella, venía una pareja joven: un hombre y una mujer. Escogieron un lugar para construir su casa.

Parecían conocer el pueblo y amar aquel valle.

Cuando los viejos se atrevieron a preguntarles de dónde eran:

-“Yo me salvé del fuego” explicó el hombre joven.
-“Yo me salvé de la inundación”, explicó la mujer joven.
-“Ahora queremos que nuestro hijo nazca aquí”, explicaron los dos.

Los viejos lloraron de alegría…

Llegó el momento del nacimiento y todo el mundo se llevó una sorpresa porque no nació un niño, nacieron dos: una niña y un niño.

Los viejos bailaron de contentos, y desde aquel día siempre había alguien cuidando a los niños… para que no se quemasen, para que no se cayesen al río, para que ningún animal pudiera herirles.

Los campos y los ganados, cuidados por el hombre y la mujer jóvenes, volvieron a producir y siempre se guardaba lo mejor para los niños, que así se criaban sanos y fuertes.

Los vestidos de los niños eran siempre los más abrigadores y los más bonitos.
Y si los niños se ponían enfermos, todos los viejos se turnaban para cuidarlos y contarles historietas.

En cuanto fueron un poco mayores, les contaron lo que había pasado por dos veces, con los niños del pueblo, para que ellos aprendieran a cuidar a sus hijos cuando los tuviesen… y para que ya nunca volviera a ocurrir que los mayores, por descuido, se olvidaran de poner a salvo a los niños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada