CUENTOS SOBRE LA PLANTA - CUENTOS CORTOS PARA NIÑOS

“La Plantita De Susanita”

Susanita está muy triste; Marita, la plantita, se murió. Martín y Simón también tienen pena, porque ven a su hermanita con los ojos llenos de lágrimas.
-Por qué se murió si yo la cuidaba tanto, le echaba agüita todos los días y la sacaba al patio para que tomara sol, se quejaba tristemente Susanita.
-Hermanita, no te pongas tan triste, dijo Simón, yo te traigo otra plantita, le pones Marita y hacemos como que aquí no ha pasado nada.
-No creo que esa sea la solución, dijo Martín. Preguntémosle a mamá, ella debe saber por qué se murió.

-¡Mami! Marita se murió. ¿Por qué pasó esto tan terrible?, preguntó Susanita.
-¡Uy, hijita! ¡Qué pregunta más difícil!, exclamó la mamá. Pero todas las cosas vivas como plantas, animales y nosotros mismos tenemos un ciclo de vida, es decir, pasamos por varias etapas: nacemos, crecemos, nos desarrollamos, luego envejecemos y finalmente morimos. Esto es para todos, igual. Pero a veces una enfermedad o un accidente adelanta la muerte y creo que a Marita, la plantita, le dio una enfermedad…
-Pero ella ¿esta sufriendo?, preguntó Susanita.
-No, Susanita, cuando morimos nunca más sentimos dolor, respondió la mamá.

Como Mamá vio a los conejitos tristes. Les dijo:
-Ahora vamos a iniciar el ciclo de la vida de nuevo, vamos a plantar un poroto.
-¡Ya! respondieron los conejitos.
Mamá buscó un vaso transparente, sacó algodón, lo humedeció y puso un poroto entre el vidrio y el algodón, así los ositos podrían ver todo el proceso de germinación. Luego buscó una libreta y les dijo que ahí iban a anotar y dibujar todos los cambios que fueran viendo en el poroto, a medida que pasaran los días; así no se olvidarían de los procesos de crecimiento y desarrollo de la plantita.

Todos los días antes de ir al colegio los conejitos revisaban el vaso, le ponían unas gotitas de agua y se iban a clases.
A los pocos días, Susanita notó que el poroto tenía un brote y sus hermanos corrieron a mirarlo. Mamá coneja les pasó la libreta y cada uno dibujó el poroto según lo había visto.

A dos semanas el poroto tenía raíz y ya le había salido un tallo y dos hojitas. Los conejitos estaban felices, pues eran testigos del nacimiento y crecimiento de una planta.
Cuando Mamá coneja vio que la plantita estaba creciendo fuerte y saludable, la trasplantó a un macetero con tierra, así podría desarrollarse con mayor amplitud. Los ositos observaron todo lo que mamá hizo y aprendieron a respetar la vida, pues comprendieron que todo ser viviente tiene derecho a crecer y desarrollarse no importa si es planta o animal.

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