LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO - RESUMEN - LA INDEPENDENCIA EN NUEVA ESPAÑA


LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO

A diferencia de Sudamérica, en la independencia en Nueva España (México) la separación de la Corona fue una operación política más que militar, que se originó por las luchas que en la península tenían los absolutistas y los liberales.

Los que anhelaban la independencia del virreinato buscaron como brazo fuerte para la realización de sus designación al coronel don Agustín de Iturbide, que había ganado reputación de buen militar en las luchas contra los insurgentes, y lograron que el virrey lo nombrara brigadier y le encargara las operaciones del Sur contra los guerrilleros rebeldes. Iturbide aceptó el plan, pero él tenía el suyo propio. Para ejecutar la “conspiración de la Profesa” del grupo más radical, debía primero vencer a los revolucionarios, pero con gran astucia comprendió que era más fácil atraerlos al suyo ofreciéndoles la independencia, y así lo hizo.
En febrero de 1821, celebró con don Vicente Guerrero una entrevista y el 24 del mismo mes proclamaron juntos, en la ciudad de Iguala, el “plan de las Tres Garantías”, o Plan de Iguala, que consistía en la independencia, pero con un régimen monárquico moderado cuya corona se ofrecería a Fernando VII; la religión católica como única en el país y la unión de los peninsulares y americanos en la nueva nación.
El virrey don Juan Ruiz de Apodaca, sin embargo, se mantuvo fiel al gobierno real de Fernando VII, pero sus tropas empezaron a disgregarse pasándose al ejército “trigarante”, que fue ocupando las principales plazas casi sin combatir.

El virrey fue acusado por sus propios partidarios de incompetencia e inepto, por lo que fue sustituido por el general Pedro Novella, que quiso organizar la resistencia de la ciudad de México. Pero precisamente el 30 de julio desembarcó en Veracruz un nuevo virrey enviando de España, don Juan de O´Donojú. Iturbide avanzó hasta la ciudad de Córdoba (México) para encontrarlo y allí se entrevistó con él. Ante una situación ya consumada el virrey pensó que lo único factible e inteligente era aceptarla y tratar de sacar de ella el mejor partido, asegurando el nuevo trono para un príncipe de la casa de Borbón. De este modo se firmaron el 24 de agosto de 1821 los Tratados de Córdoba, en los que se aceptaba el Plan de Iguala, introduciendo como única modificación que, en caso de no aceptar el trono el rey, se le ofrecería a sus hermanos, y si también rehusaban éstos, el país elegiría libremente a un monarca. Como se ve, el sentido monárquico estaba muy arraigado en las personas de categoría y no había un verdadero sentido de unidad. En España la intransigencia de la Corte rechazó los tratados y tildó de traidor al virrey, pero la independencia se había consumado sin derramamiento de sangre y sin exacerbar los odios partidarios, buen sistema para lograrla, y es de elogiar la actitud del virrey tanto como la de Iturbide y sus seguidores.

El 27 de septiembre hizo su entrada en la capital don Agustín de Iturbide al frente del ejército Trigarante.
La independencia de México lógicamente tenía que determinar la emancipación de Centroamérica. La provincia de Chiapas, que entonces pertenecía a la capitanía general de Guatemala, se adhirió desde un principio al Plan de las tres Garantías e invitó a las otras regiones centroamericanas a hacer otro tanto. Esto ocasionó que el partido criollo de Guatemala indujera al Capitán general, que entonces era el irresoluto y débil brigadier don Gabino Gaínza, a convocar a todas las autoridades, corporaciones y vecinos principales a una junta que se celebró el 15 de setiembre de 1821. Como había sucedido en México, tanto liberales como conservadores, aunque por muy diversos motivos y con intenciones muy diferentes, estuvieron de acuerdo con la separación de la Corona española y en el mismo acto fue proclamada la independencia. El propio Gaínza fue designado para encargarse del gobierno, auxiliado por una junta provisional consultiva, hasta que se reuniera el Congreso Constituyente, que fue convocado para el 1° de marzo del siguiente año, y diera forma definitiva al gobierno de la nueva nación. En las demás provincias los efectos que esto produjo fueron muy diversos y acusaron ya la anarquía que pronto se había de posesionar de ellas.

Gaínzas ordenó la proclamación de la independencia en las demás comarcas de la capitanía; y así se verificó a pesar de la oposición que en algunas poblaciones opusieron los peninsulares fieles al gobierno peninsular. Pero la decisión respecto al destino que debía cada región no fue unánime y se produjo una gran confusión. Mientras Guatemala pretendía formar con todas ellas una sola nación independiente, cosa que aceptaron San Salvador y Granada, otras provincias, como Chiapas y Comayagua, se adhirieron a México. Costa Rica, en cambio, se declaró independiente de todas las demás y formó gobierno propio. En fin, el Ayuntamiento de León decidió esperar “hasta tanto que se aclarase lo nublado del día”.

De esta manera se había deshecho el imperio español, y de sus cenizas, cual ave Fénix, habían surgido a la nueva vida que da la categoría de naciones independientes las actuales Repúblicas americanas, que con sus recursos económicos, aún no debidamente explotados, sus vastas extensiones y la capacidad para un número de habitantes verdaderamente grandioso, están llamadas a representar, un día, una potencia fabulosa en el consorcio de los pueblos del mundo.

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