UNA FÁBULA QUECHUA


UNA FÁBULA QUECHUA

Fue en las vacaciones cuando el abuelo Amador decidió relatamos los lindos Cuentos andinos que él atesoraba.
Nosotros felices porque era lo que nos exigía la profesora: leer a los autores peruanos.

Empezaré –dijo- por contarles una fábula anónima que nos motiva a valorar nuestra autoestima:

“Era una vanidosa zorra que sintió asco al saber que el sapito cazaba moscas. Pero el sapito no se amilanó por las burlas de la raposa, pues ese era su medio para sobrevivir. Es más, cuando la zorra le propuso que sea su sirviente, el sapito lo rechazó aduciendo Que ambos eran iguales y Que, incluso, él podía superarla en un evento de velocidad. La zorra estalló en carcajadas”.

“Pero tuvo que aceptar el desafío para no quedar mal ante los demás. Acordaron que ella correría por la orilla del río y el sapito lo haría bajo el agua. La raposa lo llamaría cada cierto trecho y él contestaría: ¡toc, toc! ... Así corrieron por tres kilómetros y para molestia de la zorra, el sapito siempre contestaba vigoroso a su llamado, mientras que ella lucía cada vez más agotada.

Lo más grave sucedió en la puna. La zorra tenía el rostro amoratado por el cansancio.
Quiso seguir, mas desfalleció en ese instante, mientras que a lo largo del río iban surgiendo un sinfín de sapitos que cantaban felices -¡toc, toc; toc, toc!- por la victoria lograda”.

La autoestima en unión con la sagacidad habían derrotado a la soberbia.

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