LA GOTA DE AGUA - CUENTOS INFANTILES - HANS CHRISTIAN ANDERSEN


Cuentos Infantiles
LA GOTA DE AGUA

Sabes qué es un cristal de aumento? Una lente circular que hace las cosas cien veces mayores; como contemplar una gota de agua de la charca, pudiéndose ver más de mil animales maravillosos. 

Como un plato lleno de cangrejos que saltan en revoltijo. Son muy voraces, se arrancan brazos y patas y, no obstante, están alegres y satisfechos a su manera. 

Pues, vivía un anciano a quien todos llamaban Crible-Crable. Y quería siempre tomar todas las cosas, y si no se las daban se las tomaba por arte de magia. Así, peligraba cuanto estaba a su alcance. 

Estaba sentado un día con un cristal de aumento, examinando una gota de agua extraída de la charca. 

¡Dios, qué hormiguero! Un sinfín de animalitos, viéndolos zamarrearse y devorarse entre ellos. 

- ¡Qué asco! -exclamó Crible-Crable-. 

¿No habrá modo de obligarlos a vivir en paz y quietud? 

Pero, como no encontraba la solución, tuvo que acudir a la brujería. 

- Hay que darles color, para verlos mejor -dijo.

Y les vertió una gota de sangre de hechicera de clase A, de la de a seis peniques. Y todos los animalitos quedaron teñidos de rosa. 

-¿Qué tienes ahí? -le preguntó otro viejo brujo sin nombre. 

- Si lo adivinas -contestó Crible-Crable-, te lo regalo... 

El brujo sin nombre miró por la lupa y vio algo similar a una ciudad donde toda la gente corría desnuda. Era horrible ver cómo se empujaban y golpeaban, se pellizcaban y arañaban. 

- ¡Fíjate, fíjate!, su pata es más larga que la mía. ¡Paf! ¡Fuera con ella! 

- Ahí va uno que tiene un chichón detrás de la oreja, pero le duele, y todavía le va a doler más. Y se echaban sobre él, lo agarraban y se lo comían por culpa del chichón.

Otro permanecía quieto y pacífico; pero no pudo quedarse allí, tuvo que salir, lo agarraron y fue devorado. 

- ¡Es muy divertido! -dijo el brujo. 

- Sí, pero, ¿qué es? -preguntó Crible-Crable-. 

¿Puedes adivinarlo? 

- Toma, pues es muy fácil-respondió el otro-. Es Copenhague o cualquier otra gran ciudad, todas son iguales.

- ¡Es agua de la charca! -contestó Crible-Crable.

Hans Christian Andersen

Fuente: Colección Amiguitos

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