JUAN TUL Y LA ARDILLA - LEYENDAS INFANTILES


Cuentos Infantiles

JUAN TUL Y LA ARDILLA

Cierta vez, el conejo Juan Tul sostenía con las manos el techo de una cueva. Pasó la ardilla, se detuvo y al verlo en tal apuro le dijo: 

- ¿Qué haces Juan Tul? 

- Ya lo ves, sostengo el techo de esta cueva. 

- ¿Estarás cansado? Si quieres yo te ayudaré. 

- Me harás un favor porque te digo que ya no puedo más. 

La ardilla tomó el lugar de Juan y allí estuvo horas de horas hasta que entendió que se trataba de una broma. Bajó las manos y salió de la cueva. 

A los pocos días encontró a Juan Tul y le dijo: 

- Me engañaste con eso de la cueva. 

Juan Tul, haciéndose el sorprendido, le contestó: 

- Jamás he estado en la cueva que dices. Llevo meses en este zacatal (pastizal). Por cierto, estoy que me muero de cansancio. 

¿Por qué no me ayudas? 

- Con mucho gusto -respondió la ardilla. 

Y Juan le echó encima los paquetes (hatos) más grandes de zacate (hierba) y huyó. La ardilla se rindió bajo el peso, como pudo se escurrió y luego pensó: “Otra vez me engañó Juan Tu”. 

En un camino volvió a encontrar .Juan Tul y le dijo:

- No me engañarás más, bribón. Con este bejuco te voy a dar una paliza. 

- ¡Qué cosas dices! Desde niño vivo junto a este árbol. Jamás me he alejado de él. No sé, la verdad, no sé de qué me hablas.

- De todas maneras te tengo que castigar. 

- ¿ y por castigarme así, vas a despreciar las piñuelas que están allí? ¿No las ves, tonta? ¡Allí, a la orilla del camino! 

Y mientras la ardilla buscaba las piñuelas, Juan Tul desapareció. 

Una tarde, la ardilla tropezó con Juan Tul y le dijo: 

- Oye, Juan Tul... 

- Yo no soy ese, acabo de salir del bosque que está al otro lado del camino. 

- Entonces ¿me darás un poco de agua? ¡Vengo sedienta de tanto correr! 

- ¡Claro que sí! Aquí tienes mi calabazo lleno de agua. Bebe hasta la última gota, si quieres. 

Sedienta como estaba, la ardilla bebió de golpe todo el contenido del calabazo y cuando tomó aliento cayó de bruces. Lo que había tomado era aguardiente. Entonces Juan Tul, muerto de risa, le dijo: 

- Vieja borracha, ahora alcánzame si puedes. Y echó a correr.

Leyendas Y Consejos Del Antiguo Yucatán

Fuente: Colección Amiguitos

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