¡GRANDE, ABUELO! - CUENTOS INFANTILES - FERNANDO GRADOS LAOS


Cuentos Infantiles

¡GRANDE ABUELO!

El adolescente salió de su caso, ofuscado. Había discutido con su padre porque éste se negó a darle dinero para ir al fútbol: «¡Eres injusto!», le gritó antes de tirar la puerta. De poco valieron las razones del padre: “Tu abuelo está agonizando y tú sólo piensas en el fútbol”. 

El muchacho seguía furioso: « Todos van a ir al estadio», y se mordía los labios para no llorar. De pronto se vio en medio de un parque y fue a sentarse en una de las bancas vacías. Pensó en el abuelo, pero se reconfortó evocando las palabras que el día anterior le dijo uno de sus amigos: «Si muere será mejor para él y para todos. Cesará el sufrimiento». Suspiró y siguió pensando en el fútbol. Entonces, sintió que alguien se sentaba a su lado. 

Se enderezó. Era un oscuro anciano. Sintió temor, pero también repulsa, porque lo intuía borracho y sucio. Quiso irse, cuando la voz del viejo lo detuvo: «Yo conocí a tu abuelo, era un gran futbolisto». 

El joven le dijo que era mentira, pero cuando mencionó nombres, volvió a sentarse. El temor dio paso a la curiosidad y el Viejo habló: 

- Todos lo querían jugó de joven y después fue entrenador, un ídolo de verdad. 

Pero, cuando nuestro equipo jugó -dijo el viejo con voz grave- tu abuelo, nunca se presentó.

Se ausentó y pensamos que se había orinado de miedo. Pero él siguió en silencio y cuando volvió, todos le dimos la espalda. Entonces, se alejó para siempre.

- ¿El abuelo fue un cobarde? -preguntó temeroso el adolescente. 

- ¡No! -dijo el anciano-, luego nos enteramos que no se presentó porque su primer nieto había sufrido un grave accidente, que el niño entró en coma y que él estuvo velándolo y orando a Dios para que lo salve... 

- Su ... niet ... -balbuceó el adolescente. 

El viejo iba a seguir, pero el joven con el rostro bañado en lágrimas, corrió al hospital donde agonizaba su abuelo. Eludió controles, sorteó sillas rodantes y camillas, y cuando supo dónde estaba, irrumpió en la habitación con toda la fuerza de su adolescencia. Tampoco los médicos pudieron detenerlo. 

Llegó a la cama y abrazó fuerte, muy fuerte, al viejo triunfador de otros tiempos. Vivía aún pues el joven sintió revolver sus cabellos con aquellas manos santas que tiempo atrás habían rezado a Dios para salvarle la vida. 

Cuando pudieron alejarlo, se miraron por unos segundos y sonrieron. Sólo entonces, el adolescente sintió que su abuelo lo había perdonado.

Fernando Grados Laos

Fuente: Colección Amiguitos

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