EL LOBO Y LA CIGÜEÑA - FÁBULAS DE ESOPO CON MORALEJA


EL LOBO Y LA CIGÜEÑA

Un lobo se hubiera ahogado con un hueso atragantado, sí a la sazón no pasa una cigüeña. 

El paciente la ve, hace la seña; llega y ejecutiva, con su pico, Jeringa primitiva, cual diestro cirujano hizo la operación y quedó sano. Luego su salario pedía. 


Pero el Ingrato Lobo respondió: 

- ¿Tu salario? Pues ¿Qué más recompensa que el haberte causado leve ofensa y no comerte deJándote con vida, para que cuentes que pusiste tú cabeza entre mis dientes?... 

- Marchó, por evitar una desdicha la cigüeña sin decir nada. 

Moraleja: 
“Haz el bien sin mirar a quién”.

Fábulas De Esopo
Fuente: Toribio Anyarin Injante

1 comentario:

  1. eso esta resumido mire:

    Un día en el bosque, un lobo luego de varios días sin comer pudo cazar una presa a la que no tardó en comerla de inmediato. Pero, por comer tan deprisa, se le atravesó un hueso en la garganta y comenzó a poco a poco ahogarse.

    En eso pasó por ahí una a cigüeña , a la que pidió ayuda desesperado diciendóle:

    ¡Ayudame por favor Cigüeña!. Usted tiene un pico tan largo, que podría quitarme con mucha facilidad este hueso que me estoy ahogando.

    ¡Por favor sálvame que le recompensaré tan generosamente!.

    La Cigüeña tenía dudas de meter su cabeza en la boca del lobo, pero conmovida por las suplicas y ruegos del Lobo y confiada de sus generosa recompensa, ayudó a este metiendo cuidadosamente su pico en la boca del lobo y le extrajo el hueso de la garganta.

    Luego de un rato la Cigüeña, al ver al Lobo tan contento porque ella le había salvado la vida, le recordó el pago de sus servicios, donde él de inmediato le respondió:

    -¿Qué quieres que te dé más si te he devuelto la vida?.

    -¡A mí! –contestó sorprendida la cigüeña-. ¡Si he sido yo quién te ha salvado de morirte ahogado!

    Y el lobo le replicó de inmediato:

    -¿No pusiste tu pico en mi boca? ¿No pude yo acabar con tu vida? ¿No he dejado que sacaras el pico de entre mis dientes sin sufrir el mínimo daño para que puedas irlo a contar? ¿Qué más quieres?; eres tù quien debe agradecerme, sentenció el Lobo.

    La Cigüeña al oír tan sorprendente respuesta, se alejó sin decir nada

    Moraleja de el Lobo y la Cigüeña:

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