SOLUCIÓN SALOMÓNICA - LEYENDA HEBREA - RESUMEN


SOLUCIÓN SALOMÓNICA

La servidumbre del Rey David, padre de Salomón, se encontraba cenando en los comedores del palacio.
Uno de los siervos, que acabó velozmente su porción de comida, al observar que todos sus compañeros aún no habían terminado de comer, avergonzado, hizo una solicitud a su compañero de asiento.
- He comido de forma tan apresurada que mi plato ya está vacío. Por favor, bríndame un huevo duro de tu plato para disimular mi falta de educación.
Su compañero, pensando en sacar provecho de la situación, aceptó ayudarlo pero poniendo una condición: -Deberás devolverme no solo lo brindado, sino también los beneficios que produce este huevo–, le dijo.
- ¡Acepto! -dijo el siervo-, sin comprender bien la intención del compañero, y logró terminar la comida al mismo tiempo que los demás.
Pasó el tiempo y el siervo fue a devolver el huevo.
- ¡¿Qué?! ¡¿Sólo un huevo?! –replicó el compañero-. No, tú debes devolverme también los pollitos, gallinas y demás huevos que ese huevo hubiera producido en todo este tiempo.
El caso fue llevado ante el juez, quien sentenció que se cumpla lo que exigía el demandante. Nuestro siervo estaba muy preocupado porque no tenía lo exigido.
Salomón, aún sin ser rey, era ya famoso por sus sabias decisiones; y al enterarse de lo sucedido, conversó con la víctima y le aconsejó:
- Pon a cocer unas habas y luego siémbralas; así, al ver lo que estás haciendo, te preguntarán el por qué de ello y tú responderás que no tiene nada de raro, pues un juez dice que un huevo cocido puede producir pollos, gallinas y otros frutos.
Obedeció el siervo, y todo mundo comentaba su torpeza de sembrar habas cocidas. Esta noticia llegó a oídos del Rey David y lo hizo llamar ante él.
El siervo contó todo lo ocurrido y así, el juez fue llamado para la revisión del proceso. Se dieron cuenta de lo absurdo de la demanda, por lo que solo tuvo que pagar el huevo que había recibido prestado.
Muy pronto todos se enteraron que la idea había sido de Salomón y comentaban la gran sabiduría del que sería el futuro rey.

Leyenda Hebrea.

Fuente: Leyendas Universales

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