EL TRIBUNAL - LEYENDA HEBREA - RESUMEN


EL TRIBUNAL

Hubo una época en que todas las guerras estaban prohibidas, la justicia regía; todo era paz, armonía y abundancia, y hasta los animales debían ser amorosamente protegidos. Fue durante el imperio del rey Salomón, hijo de David.
Un día, la calma en el salón principal del palacio del rey fue interrumpida por un hombre que dando alaridos, irrumpió con una serpiente enroscada mortalmente en el cuello.
Sentado en su trono, Salomón oyó su súplica:
- ¡Sabio y justo soberano, por favor, socórreme!
- ¡Buen hombre, pareces estar en problemas! Dime qué puedo hacer por ti –respondió el soberano.
Con cierta dificultad, la inesperada visita se incorporó ligeramente para ver directamente a los ojos del rey y poder contarle su historia.
Entonces le explicó cómo toda su vida había hecho lo posible por vivir en paz, como todos los súbditos, siguiendo siempre sus sabias enseñanzas y, después de hacer una pausa para recuperar el aliento, continuó:
- Su Majestad, ayer por la tarde, luego de ordeñar mis vacas, oí los sollozos de esta serpiente que me dijo que, por favor, le diera de beber algo de leche y a cambio, me mostraría un tesoro.
El hombre continuó su relato, refiriendo haber hecho lo que la serpiente dijo, tras lo cual ella lo condujo hacia un solitario lugar.
Una vez allí, me ordenó levantar una enorme piedra para poder hallar el tesoro; y cuando me incliné para levantarla, el reptil saltó sobre mi cuello e intentó matarme para poder comerme.
- Majestad, y por eso la traje hasta aquí, para que tú decidas quién debe morir.
Luego de oír esto, el rey Salomón pidió a la serpiente una explicación.
- Sabio Salomón, en las escrituras está que hemos de morder al hombre en el talón. ¿No podemos acaso quitarle la vida? – respondió el reptil.
El soberano replicó:
- Desenróscate. No habrá justicia mientras uno esté en inferioridad.
Y al ver al animal arrastrándose en el suelo, se dirigió al angustiado hombre:
- Pero la escritura dice que tú quebrantarás su cabeza. Estás en tu derecho.
Hízolo así entonces el hombre y se liberó al fin del traicionero reptil.

Leyenda Hebrea

Fuente: Leyendas Universales

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