UN MILAGRO DE NOCHEBUENA - FERNANDO GRADOS LAOS


UN MILAGRO DE NOCHEBUENA

Laura llegó con su hermanito Tomás a la bulliciosa capital, a pocas horas de la Nochebuena. Habían perdido a su madre y viajaron desde muy lejos, en busca de papá, quien trabajaba en la ciudad, pero ignorando el terrible destino que les tocaba vivir en fecha tan significaba.
Al bajar del autobús, Laurita sintió desfallecer al comprobar que había perdido la dirección del tío que podía posibilitarles ubicar al ser querido. En vano preguntó a la gente: Todos corrían, locos, repletos de paquetes y regalos, sin importarles el drama que ellos estaban sufriendo.
Quiso llorar cuando su hermanito le dijo que tenía hambre. Quedaba muy poco pan y algo de agua; pero de tanto caminar, sintió que las fuerzas la vencían. Llegaron a un parque, iluminado por un inmenso árbol y allí –acurrucada con Tomás –quedaron profundamente dormidos.
En esos instantes, Laurita soñó que del árbol descendía el Niño Dios, y con dulce voz les decía: “He visto a su mamá, ella los cuida desde el Edén y como mañana cumplo años, aprovecho para entregarles su regalo: Un simpático perro fino. Él sabrá llevarlos donde papá”.
Las once campanadas de una iglesia y una rara sensación en el rostro, despertó a Laurita abruptamente. Era las lamidas de un perro que, juguetón, saltaba dándole muestras de afecto. Pensó en el sueño con Jesús, pero éste no era fino sino un ejemplar realmente chusco.
Cuando Laura quiso acariciarlo, el perro cogió el gorro de Tomás y corrió escabulléndose. Y al atraparlo, vio que tenía un collar en el que se leía: Ventura 314.
“Qué nombre tan raro”, pensó, volviéndose a caminar sin rumbo, en procura de hallar algún designio que logre ubicar a papá.
Tomás jugaba con el simpático perro chusco. Eran las 11 con 45. Buscaron una comisaría, pero llegaron a otro parque donde nuevamente durmieron plácidamente. Esta vez les despertó una voz extraña. Era una policía: “Falta poco para la Navidad” –les dijo-. “¿Es que no van a sus casas?” Fue entonces que Tomasito preguntó: “¿Dónde está Ventura?”
El policía les tomó de la mano, caminaron y al llegar a una calle, dijo: “Estas es Ventura. ¿Acaso viven aquí?”. Laurita sintió que el corazón le latía y agregó: “En el 314”. Allí estaba. Tocaron y salió su padre, quien les abrazó emocionado. Dieron las 12, pero el perro chusco jamás asomaría. No fue un sueño, fue un milagro, ¡un lindo milagro de Navidad!
El padre había sufrido un accidente laboral, perdiendo la memoria temporalmente. Incomunicado, ignoró la muerte de su esposo. Esa Nochebuena –milagrosamente – recuperó la conciencia, luego de experimentar un sueño con un perrito Chusco. Fue una hermosa Navidad, porque sabían que mamá estaba feliz mirándoles desde su nueva casa en el Cielo.
Fernando Grados.

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