NOCHEBUENA Y LOS RECUERDOS DEL ABUELO - RICARDO PALMA


NOCHEBUENA Y LOS RECUERDOS DEL ABUELO

Desde las cinco de la tarde del 24 de diciembre los cuatro lados de la Plaza Mayor ostentaban mesitas, en las que se vendían flores, dulces, conservas, juguetes, pastas, licores y cuanto de apetitoso y manducable plugo a Dios crear.
A las doce sólo el populacho quedaba en la plaza multiplicando las libaciones. La aristocracia y la clase media se encaminaban a los templos, donde las pallas cantaban en el atrio villancicos como éste:
Arre, borriquito, / vamos a Belén, / que ha
nacido un niño / para nuestro bien. Arre,
borrico, / vamos a Belén, / que mañana es
fiesta / pasado también.
A la misa del Gallo seguía en las casas opípara cena, en la que el tamal era plato obligado. Y como no era higiénico echarse en brazos de Morfeo tras una comilona bien mascada y mejor humedecida con buen tinto de Cataluña, enérgico Jerez, delicioso Málaga y alborotador quitapesares (vulgo legítimo aguardiente de Pisco o de Motocachí), improvisábase en familia un bailicito, al que los primeros rayos de sol ponían remate.
En cuanto al pueblo, para no ser menos que la gente de posición, armaba jarana hasta el alba alrededor de la pila de la Plaza. Allí las parejas se descoyuntaban bailando zamacueca, pero zamacueca borrascosa, de esa que hace resucitar muertos.
Como los altares de la Purísima, eran los nacimientos motivo de fiesta doméstica. Desde el primer día de Pascua armábase en algunas casas un pequeño proscenio, sobre el que se veía el establo de Belén con todos los personajes de que habla la bíblica leyenda. Figurillas de pasta o de madera más o menos graciosas complementaban el cuadro.
Todo el mundo, desde las siete hasta las once de la noche, entraba con llaneza en el salón, donde se exhibía el divino misterio. Cada nacimiento era más vistoso y comentado que misterio nuevo. Cuando llegaban personas amigas de la familia propietaria del nacimiento se las agasajaba con un vaso de jora, chicha morada y otras frescas horchatas, bautizadas con el nada limpio nombre de orines del Niño.
El más famoso de los nacimientos de Lima era el que se exhibía en el convento de los padres belethmitas o barbones. Y era famoso por la abundancia de muñecos automáticos y por los villancicos con que festejaban al Divino Infante”.

Ricardo Palma

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada