INTENTEMOS SER ORIGINALES


INTENTEMOS SER ORIGINALES

Estaba yo una vez, dale que dale, ante el espejo sin poder copiar, por más que lo intentara, el peinado que se había puesto de moda entre mis compañeras de colegio, cuando se acercó mi padre y me preguntó:
- ¿No podrías peinarte de un modo que te costara menos trabajo?
- No, papá –le contesté–. ¡Tengo que estar a la moda!
Quedóse él observándome por un momento, se sonrió, y me dijo:
- Ahora verás, péinate con una raya en medio, alísate bien el caballo con el cepillo y átalo con una cinta sobre la nuca.
Una vez que hube hecho, aunque de mala gana, lo que me indicaba, añadió:
- ¡Muy bien! ¿Quieres que hagamos una apuesta? Irás al colegio con ese peinado; y si a la semana no se ha puesto de moda entre tus compañeras, te daré veinte nuevos soles.
“¡Qué ocurrencias las de papá!” dije para mi capote. Sin embargo, como veinte nuevos soles eran una fortuna para mí, convine en lo que me proponía.
Presentarme en el colegio con semejante peinado. ¡Qué vergüenza! Fue más o menos como si me hubieran obligado a ir en camisa de dormir. Pero, cosa increíble, antes de una semana, mis condiscípulas empezaron a copiarlo.
Al contarle a mi padre el caso, me dijo:
- Nunca seas rutinaria. Lo que sobra en el mundo son cosas comunes y corrientes. Cuando se te ocurra una idea que te parezca buena, ponla en práctica, sin preocuparte por lo que hagan o digan los demás.
En seguida, aunque él había ganado la apuesta, me dio un billete de veinte nuevos soles nuevecito.

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