EL PICAFLOR JÉMPUE Y EL PÁJARO TA – TA – TAO - JOSÉ LUIS JORDANA LAGUNA - LEYENDA AGUARUNA


EL PICAFLOR JÉMPUE Y EL PÁJARO TA – TA – TAO


Cierto día, el picaflor Jémpue y el pájaro Yákakau se fueron a trabajar cada uno en su chacra.
El picaflor, por su parte, empezó a preparar una nueva chacra. Trabajaba duro, talaba los grandes troncos, macheteaba rápido cortando los bejucos, las ramas bajas de los árboles, las raíces. Trabajaba en silencio y muy pronto tuvo un extenso terreno limpio y preparado para sembrar.
Mientras tanto, Yákakau hacía mucho ruido simulando trabajar intensamente. Lanzaba grandes piedras al aire, para que al chocar contra el suelo resonasen como si estuviesen tumbando muchos árboles y palos. Así era como tenía fama de ser buen trabajador.
Como el picaflor Jémpue trabajar en silencio, su esposa pensaba que era un flojo y le preparaba un masato tan ligero que, más que masato parecía agua. En cambio, a Yákakau su esposa, como creía que era muy trabajador, le servía un masato bien cargado.
Un día un hombre descubrió que el picaflor tenía despejada y sembrada una enorme chacra y admirado fue a contárselo a la esposa. Desde ese día, cuando Jémpue regresaba a su casa, su esposa le servía un masato bien dulce y sabroso.
Por eso, desde entonces, el picaflor chupa siempre el jugo dulce de las flores de la selva, y los aguarunas llaman “trabajo de picaflor,” cuando ven a una chacra limpia, despejada y bien cultivada.
Mientas tanto, Yákakau seguía haciendo mucho ruido, lanzaba piedras a un barranco, que retumbaban a lo lejos, y todos seguían pensando que era un buen trabajador. Pero un día, alguien fue a ver cómo trabajaba y lo encontró echado sobre la tierra sin trabajar. Admirado, marchó en busca de la esposa de Yákakau para contarle lo que había visto. Ésta le preparó aquel día un masato especial mezclado con gran cantidad de ají. Cuando Yákakau tomó ese masato tan fuerte, su cabeza se puso intensamente roja y su garganta quedó tan ronca, que desde entonces ya no podía hablar ni cantar como antes. Cuando Yákakau quiso reclamar a su mujer, solo pudo exclamar:
- ¡Ta-ta-tao! ¡Ta-ta-tao! ¡Ta-ta-tao!
Y se convirtió en el pájaro que todos conocemos. Desde aquella ocasión a Yákakau todos le llaman Ta-ta-tao, por su modo particular de cantar.
Y también ahora, los aguarunas cuando su hijo es perezoso y no quiere trabajar, le dicen que se va a convertir en Ta-ta-tao. Y, a los niños pequeños, le ponen por ejemplo a Jémpue, que tomando un masato ligero como agua, trabajaba duro todo el día.

Leyenda aguaruna – José Luis Jordana Laguna

2 comentarios:

  1. Este cuente lo leí por primera vez en el libro "Paseo" ya hace 40 años en 1976, ahora se lo cuento a mi hijo

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