EL PASTOR Y LA DONCELLA - LEYENDA PERUANA


EL PASTOR Y LA DONCELLA

En el Cusco de los Incas vivía un joven llamado Acoyanapa. Él acostumbraba pastar sus llamas todos los días, animándoles el festín con las alegres notas de su flauta.
Un día, Acoyanapa decidió cambiar de camino, llegando hasta el Valle de Vilcamayo. Tocó su flauta como de costumbre mientras las llamas comían, cuando de repente un par de doncellas aparecieron, atraídas por la música.
Él, sorprendido: se puso de rodilla al verlas, creyendo que se trataba de dos divinidades.
- Puedes levantarte -dijo la más joven de ellas.
- Solo somos las hijas del Inti -murmuró Chuquillanto, la mayor, quien decidió permanecer descansando con él, escuchando el sonido de la flauta.
Su hermana también la acompañó.
Chuquillanto notó un lindo adorno de plata, en forma de media luna, que pendía en la frente de Acoyanapa y murmuró:
- ¡Qué hermoso adorno tienes!
El pastor se lo quitó y lo puso en su mano. Las doncellas quedaron maravilladas; después, Chuquillanto lo colocó nuevamente en su frente; pero cayó la tarde y tuvieron que separarse, pues el Sol se ocultaba y ellas no tenían permitido salir de noche.
La doncella, que se había prendado del pastor, llegó al templo y se encerró en su habitación a llorar, lamentándose de pertenecer al dios Sol.
Al despertar Chuquillanto, hizo como le fue aconsejado en sueños: confesó a las fuentes sagradas su amor por el pastor.
Por respuesta, las aguas emitieron un armonioso sonido, lo que significaba que su amor era ben decido.
El pastor, por su parte, enamorado de la joven, rogaba a Pachacámac, dios de la Tierra, poder olvidarse de ella pues su amor no tenía futuro.
Al día siguiente, se encontraron en el lugar donde se conocieron, abrazándose fuertemente
Entonces, decidieron huir a las sierras de Pitusiray; sin embargo, un guardia los vio, dando lavoz de alerta.
Viéndose perdidos, los jóvenes se abrazaron por última vez.
Pero Pachacámac se apiadó de ellos, convirtiéndolos en piedras, uno aliado del otro, para que los incas y sus descendientes en el Valle de Vilcamayo recuerden eternamente su gran amor.

Leyenda peruana

Fuente: Leyendas Universales

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