EL DIOS BUENO Y EL REY VANIDOSO - LEYENDA HINDÚ


EL DIOS BUENO Y EL REY VANIDOSO

El rey Brahmadatta paseaba por los salones de su palacio, contemplando sus riquezas pleno de felicidad; se había rico y poderoso. Por los amplios ventanales de las galerías se podían ver también los extensos jardines que rodeaban el palacio. Pero de pronto el rey se detuvo y pensó, seguramente, no era el único rey de la India que gozaba de tal clase de riqueza. Su palacio era hermoso debido a las esbeltas columnas que lo sostenían. Pero, ¿Cuántos otros palacios las tenían también? Un palacio con muchas columnas era una cosa vulgar; lo interesante sería construir un palacio sobre una sola columna. Eso sí sería una demostración de poderío.
Acostumbrado a hacer siempre su capricho, ordenó buscar un árbol lo suficientemente vigoroso para que él solo pudiera sostener el palacio que haría construir. Sus servidores encontraron uno apropiado en un lejano bosque, pero imposible de transportarlo.
El rey disgustado, sin renunciar a su proyecto, hizo que buscaran en sus jardines. Afortunadamente para él, esta vez lo encontraron en el sitio adecuado, y era fácil poder transportarlo.
Los servidores encargados de talarlo sabían que en los troncos suelen vivir los dioses y le hicieron ofrendas, para que el dios supiera que debía salir antes de que cortaran el árbol. El dios comprendió que sus días estaban contados porque jamás abandonaría su refugió; pero había algo que le dolía más que su propia suerte, y era que muchos árboles y plantas pequeñas serían aplastadas cuando él cayera. Entonces decidió presentarse ante el rey, para hacerle una súplica.
El dios árbol era tan bondadoso que relucía en la noche, y el rey creyó que el Sol y la Luna juntos venían a verle. Cuando pidió por su vida, argumentó que durante años había vivido en el jardín, adorado por generaciones que le habían hecho ofrendas.
El rey se sintió lleno de orgullo y respondió que dentro de su palacio sería aún más admirado, y que nuevas generaciones lo contemplarían por siglos. Muy triste quedó el dios con esta respuesta e inclinado la cabeza pidió como última gracia, que al atarlo, cortaran primero las ramas, luego del medio y después la raíz.
El rey pensó que de ese modo el árbol sufriría como si lo mataran tres veces. Y lleno de asombro, interrogó al dios, quien explicó sus motivos:
Si lo cortaban de raíz morirían en su caída, todos los pequeños árboles que hoy crecían lozanos a su alrededor.
El rey, admirado de tanta nobleza, comprendió el valor de la bondad que llenaba el corazón del dios, y perdonó la vida del árbol.

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