CUENTO SOBRE PIOJOS - CUENTOS INFANTILES

LA SOBERBIA DEL PIOJO

- Un momento, señora…
Y la señora, toda joyas y seda, llena de inquietud se quedó inmóvil. Yo, con todo el respeto cogí de su espalda, un insecto rubio y diminuto. Lo arrojé al suelo, le pasé por encima varias veces el pie y me sacudí las manos con repugnancia.
- ¿Qué es? ¿Qué ha sido? – preguntó la señora.
- Nada. Señora. Un pequeño insecto.
- ¡Cómo nada! Un piojo, Elvirita –dijo el más viejo de la reunión.
- ¡Jesús! –exclamó la señora Linares, levantándose bruscamente y yendo a ocultar su vergüenza lejos de nosotros.
Yo, dirigiéndome al viejo, no pude menos que decirle:
- Es usted demasiado indiscreto, don Melchor. Eso no se le descubre a una señora. Ha podido usted causarle un desmayo.
Éste se limitó a contestarme:
- ¡Aspavientos!, que no cuadran en estos lugares, donde todos, cual más, cual menos; cuando no llevamos un piojo encima es porque lo hemos dejado en casa. ¡Asco! ¡Cuando hay gentes que desayunan con piojos! Y luego, que el piojo es el mejor amigo del hombre. Yo prefiero un piojo a un perro, no sólo porque tiene dos patas más, sino porque no tiene las bajezas de éste. El perro se agacha, se humilla, implora cuando recibe un puntapié del amo. El piojo es el más soberbio y estoico de los seres creados.
- Bueno, bueno. Ha dicho usted que el piojo es el mejor amigo del hombre. ¿Desde cuándo nació esta amistad? Y es el más soberbio de los seres. ¿Po qué?
- Tengo sesenta años largos, que valen por seiscientos. Mis ojos han visto muchas cosas. Una noche soñaba que un insecto me hurgaba en el oído y me decía gravemente: ¡Melchor despierta! Te empujar la puerta del cuarto. ¡Melchor!, si no despiertas te matarán y te robarán. ¿Robarme? ¡Jamás! Salté del lecho, encendí la vela, eché mano a un sable viejo, y mientras yo gritaba con toda la heroicidad del avaro. ¡Canalla! ¡ladrón!. De un rincón del dormitorio me respondió una voz que parecía un hipo.
- ¡Perdón, Taita! ¡Nada tocado, Taita! – ¿A quién cree usted que vi? A mi criado, mi mozo de confianza, con un puñal de confianza, con un puñal enorme en la diestra y arrodillado humildemente, con una humilde de perro.
- ¿Con que eras tú? ¡Lárgate, perro ingrato!
Y el indio se escabulló. Cerré la puerta y me senté en el lecho, meditando sobre lo que acababa de pasarme. Yo estimo mucho al piojo desde la noche aquella en la que le perdoné la vida a mi criado. ¿Y sabe usted por qué? Porque él fue el insecto de mi sueño; él fue quien me dio la voz de alarma. No hay ser que se parezca más al hombre que el piojo. Moralmente, se entiende. Tiene toda la bellaquería, toda la astucia, todo el egoísmo, toda la soberbia del hombre. En lo único en que se diferencia es que el piojo no tiene nervios ni vicios. Un piojo es impasible.
Enrique López Albújar

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 

Seguidores

Páginas Amigas

pedofilia-no.org EnCuentos.com - Cuentos Infantiles      Teatro, poemas, cuentos y libros de Milagros Oya      federacioneseditores

Cuentos infantiles Related Posts with Thumbnails    cuentos Infantiles

Directorios

Academics Blogs
Academics Blogs Mi Ping en TotalPing.com Peru Blogs Cárdenas.net Text Backlink Exchanges Soqoo Link Exchange Directorio Web - Directorio de Páginas Webs Intercambio de enlaces Free Backlinks Intercambio gratis de Enlaces Blogalaxia


Cuentos de Don Coco Copyright © 2009 Community is Designed by Bie