CUENTO SOBRE GUARDAR SECRETOS


UN SECRETO DEBE GUARDARSE

- ¡Da gusto venir a tu casa Pepito! – me decía no hace mucho, al despedirse, una visita. – Tu linda madre es una de las poquísimas personas con quien se puede hablar, sin miedo a que corra de boca en boca lo que uno diga.
Me sentí muy orgulloso de ella al escuchar este cumplido.
Contaba yo unos ocho años, cuando fue un día a casa la señora Castillo a contar a mamá de cierto asunto grave relativo a su hijo. La ventana, cerca de la cual conversaban, estaba abierta, y yo, que jugaba al pie de ella, oí todo lo que decían.
Mamá, que lo había notado, me llamó apenas se fue su amiga.
- Hijo mío – me dijo –, si la señora Castillo hubiese dejado olvidada aquí su cartera, ¿te parece que haríamos bien dándosela a otra persona?
- No, mamá, claro que no – así contesté en seguida.
- Pues lo que ha dejado hoy en nuestra casa, vale muchísimo más que una cartera; ha dejado un secreto que, si no sabemos guardarlo, podría causar la desgracia de varias personas. Lo que ella me ha contado es suyo, y no debemos decírselo a nadie, ¿entiendes?
Entendí perfectamente. Tanto así, que me cuido muy bien de repetir un secreto que me confían, o divulgar críticas imprudentes que hagan en mi presencia.
Así como la mamá de Pepito, que sabe escuchar, orientar y guardar el secreto; debemos ser todos, y rechazar a los chismosos; porque el chisme daña la imagen de las personas.
Cuando busquemos un amigo, tratemos de encontrar en él a la persona que sepa escucharnos, que se convierta en nuestro confidente y que sepa guardar, en un cofre de siete llaves, los secretos o intimidades que le confiemos.

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