COMER Y NO TRAGAR


COMER Y NO TRAGAR

El comer y el tragar son actos fisiológicos completamente distintos. Un médico que fue llamado para atender a un niño enfermo, dijo:
- Este niño está enfermo porque no come.
- ¡Doctor! –exclamó la mamá, muy sorprendida-.
Dice usted eso porque no le ha visto nunca en la mesa: es un tragón terrible.
- Eso no significa comer, señora. Su niño tragará mucho; pero yo le aseguro que no come, y no come porque no sabe comer. Los alimentos pasan del plato directamente a su estómago, como si no tuviera boca, lengua, paladar y carrillos, ni dientes y muelas para deglutirlos y masticarlos, ni glándulas salivales para empapar de saliva cada bocado, como es indispensable… Tanto valdría que colocásemos un tubo hasta su estómago y vertiéramos todo allí dentro, tal como viene desde la cocina. Nunca estará sano su hijo, nunca gozará de salud si no corrige tan peligrosa costumbre.
Y dirigiéndose al enfermo, le preguntó:
- Dime, Carlos: ¿Cuántas veces masticas tú cada bocado?
- Yo no sé –contestó el niño–. No me he fijado.
- ¿Verdad que tú tragas ligerito todo lo del plato y en seguida pide más?
Carlos se sonrió sin contestar. Pero la madre dijo:
- Así es, doctor; así, como usted dice. Come mucho, pero siempre tiene hambre.
- Y siempre –continuó el médico –sentirá la necesidad de tragar alimentos, porque los alimentos que ingiere no le nutren. Ese modo de tragar sólo es posible en los animales carnívoros, como el perro, que poseen jugos gástricos adecuados; pero el ser humano no puede, sin enfermar, hacer lo mismo. Hay que acostumbrar a Carlos a masticar perfectamente cada bocado… La verdadera digestión se hace en la boca.

Constancio C. Vigil.

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