LA VENIDA DE NAYLAMP - DÍA DE LA INDEPENDENCIA


LA VENIDA DE NAYLAMP


El mar traía una gran flota de balsas. En la primera de aquellas embarcaciones, guiando y conduciendo a muchos hombres, venía un jefe muy poderoso y muy sabio: Naylamp.
Naylamp no le tenía miedo al mar, ni a los vientos, ni a los hombres. Era valeroso, prudente y fuerte. Por eso, cientos de hombres y mujeres le venían siguiendo desde algún país del norte, en busca de buenas tierras y bellos paisajes en donde quedarse a vivir para siempre.
Desembarcaron en la boca de un río y se establecieron en sus fértiles valles.
Lo primero que hicieron al llegar fue construir un templo donde colocaron el ídolo que habían traído de su país. El ídolo era una estatua tallada en piedra verde,
que reproducía la imagen de Naylamp. Su nombre era Llampallec.
Naylamp y su pueblo se establecieron en la región: se posesionaron de las tierras, cultivaron los campos y levantaron casas y viviendas. La gente lo adoraba como si fuera un dios.

Y así, estos hombres y mujeres tuvieron .hijos y nietos, viviendo en paz y trabajo. Hasta que llegó el tiempo de la muerte de su rey.
Quiso Naylamp como última voluntad, que escondieran su sepultura para que el pueblo lo siguiese creyendo inmortal y divino. Así lo hicieron sus familiares, difundiendo por todas partes que Naylamp había desaparecido por los cielos.
Cuando los hombres que habían acompañado a Naylamp hasta aquellas tierras escucharon esta noticia, sintieron tanta pena y desesperación, que salieron a buscarlo.
Luego de la muerte de Naylamp, muchos reyes gobernaron. El último de esta dinastía fue Fempellec.
Según cuentan, las desgracias que cayeron sobre los hombres de Naylamp se debieron a la soberbia y herejía de Fempellec, que quiso cambiar de lugar al ídolo. Porque apenas hubo sacado a Llampallec de su palacio, empezó a llover a cántaros, en un diluvio que duró cuarenta días. Luego vino la sequía y como la tierra no dio fruto, la gente se moría de hambre.
Los sacerdotes, al darse cuenta de que las desgracias eran un castigo enviado a Fempellec, lo ataron de pies y manos y lo echaron al mar.
Y así estos hombres de Naylamp, al quedar sin señor, fueron fácilmente dominados por los señores de Chimú, hasta la llegada de los españoles.
El ídolo de Naylamp, Llampallec, dio origen al nombre que hoy tienen esas tierras y valles, Lambayeque.

Pilar Nuñez

Fuente: Santillana SerieFuturo

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