LA PARÁBOLA DEL LEPROSO


LA PARÁBOLA DEL LEPROSO

Se ven las montañas, iluminadas por el sol; las caravanas de camellos, en los arenales; las mujeres, con las ánforas que llenaron en las cisternas; un águila, que en su vuelo proyecta sombras.
Jesús va con tres discípulos a Belén para ver al agonizante hijo de una viuda, el cual confía en su poder milagroso porque le vio curar a un pastor mordido por una serpiente.
Jesús camina haciendo reflexiones sobre la caridad y generosidad. Las mujeres le oían emocionadas, los niños besaban su mano, los labradores le saludaban. Veíanse bandadas de cigüeñas, rebaños a la sombra, un pastor que tañía un rabel y cantaba. Marchaban por sembrados, viñedos y jardines. Se detuvieron en una fuente.
Junto a una choza, un leproso se quejaba y arrodillados, se dirigía al cielo. De rostro carcomido, con la frente llagada los labios despedazados y purulentos. El discípulo Mateo le arrojó una moneda. Pedro le dejó el cesto de provisiones que llevaba. Juan, el más joven de los discípulos, con gran precaución, echó su manto sobre la espalda del enfermo.
Unos mercaderes pararon a dar agua a sus camellos. Jesús cogió entre sus manos la cabeza del leproso y le besó en los labios, ante el asombro de los discípulos, de los mercaderes y hasta de los camellos.

Francisco Villaespesa.

2 comentarios:

  1. esta bonita la lectura,me gusto mucho =) !!!!!

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  2. ESTA LECTURA ES MUY BONITA PORQUE NOS ENSEÑA MUCHAS COAS PARA NUESTRA VIDA EN LA ACTUALIDAD.

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