EL HOMBRE QUE SALVÓ EL REINO - CUENTOS INFANTILES


EL HOMBRE QUE SALVÓ EL REINO


Hace mucho, mucho tiempo, China estaba dividida en numerosos reinos. El reino Quin era uno de los reinos más fuertes y poderosos de la época. Disponía de un gran ejército y acostumbraba a mantener frecuentes guerras con los reinos vecinos.
En una ocasión, el reino Quin decidió invadir por sorpresa al vecino reino Zheng. Mientras el ejército Quin esperaba en la frontera la orden de atacar; los habitantes de Zheng seguían con sus ocupaciones, ignorando el peligro que los acechaba.
Quiso la fortuna que un humilde comerciante de Zheng acudiera aquellos días al reino vecino para vender unos bueyes. Cuando llegó, el comerciante percibió un inusual movimiento de tropas y se extrañó. Entonces decidió indagar sin levantar sospechas, y tras algunas averiguaciones, descubrió lo que temía.
"¡Tengo que hacer algo!", pensó. "Nuestro reino va a ser atacado y nadie lo sabe. ¡Y no tenemos un ejército capaz de afrontar un ataque sorpresa!".
El pobre comerciante no sabía qué hacer: Sólo él estaba enterado de lo que iba a ocurrir: ¡Debía actuar rápidamente! Pero necesitaría por lo menos dos días para regresar a su reino' y avisar a su gente. ¡Dos días! ¡Demasiado tiempo!”.
Entonces tuvo una brillante idea. Con el poco dinero que tenía, se compró una lujosa vestimenta y se dirigió al palacio fingiendo ser un emisario.
-¡Quiero ver al rey! -dijo-. Soy un emisario del reino vecino y traigo un mensaje para él.
Los soldados del palacio lo hicieron entrar y lo llevaron ante el monarca.
-Poderoso señor; el rey de Zheng me envía para daros la bienvenida -saludó el comerciante con una gran ceremonia.
-¿La bienvenida? -preguntó extrañado el rey.
-Han llegado a nuestros oídos noticias de vuestra próxima visita. Sabemos que vuestro ejército se encuentra en la frontera y que pronto atravesará nuestro territorio rumbo a algún lejano lugar: Por eso, mi señor me envía para deciros que está todo dispuesto para recibiros como merecéis. Nuestros soldados se encuentran preparados para daros protección y ayudaras en todo lo que necesitéis mientras atravesáis nuestro reino.
-¿Pero...? Sí..., bien..., gracias... -musitó asombrado el monarca.
-Además -continuó el falso emisario-, os traigo un pequeño regalo en señal de bienvenida: doce de nuestros mejores bueyes.
Y ante la sorpresa de todos los presentes, el rey respondió:
-Dale a tu señor las gracias de mi parte y comunícale que, sintiéndolo mucho, he tenido que cancelar la marcha que tenía prevista. Mi ejército no atravesará vuestro territorio. Y dile también que, por esa razón, no puedo admitir su espléndido regalo.
El comerciante salió del palacio y se dirigió a su reino con gran júbilo.
Cuando el falso emisario salió, leis ministros se acercaron al rey y le preguntaron, ansiosos, si realmente había decidido suspender el ataque.
-Por supuesto -contestó el rey-, nuestra mejor arma era la sorpresa. Y ahora... ¡hasta los soldados nos están esperando!
Y así fue como un sencillo comerciante, sin más ayuda que su ingenio, evitó que estallase una feroz guerra entre los dos reinos.

Ch. Shiru Y R. Calle

Fuente: Santillana SerieFuturo

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