MUKI, EL DUENDE DE LAS MINAS - CUENTOS DE DUENDES

MUKI, EL DUENDE DE LAS MINAS

Los tres obreros de la mina «lnti» salvaron milagrosamente la vida, y el pueblo de Tingo celebró el hecho agradeciendo a los Apus por el prodigio concedido.
En plena fiesta Bruno, el capataz, -muy cansado- se retiró junto con su esposa y sus pequeños hijos. Ya en su bohío abrazó a su hija Juanita y le musitó: «No fueron los Apus, sino un Muki quien nos salvó la vida».
-¿El duende de las minas? -dijo la asustada niña.
-Sí, uno de ellos se me apareció el día anterior cuando ultimaba el socavón.
Lloraba, quejándose de los padres que abandonan a sus críos: “Van a tener su castigo”, profetizó amenazante.
-Dice ser dueño de las minas -añadió Juanita-. ¿Es cierto que luce un fino poncho de vicuña y que lleva una potente lámpara de carburo?
-Sí, -dijo Bruno- también le vi sus dos brillantes cuernos cuando me hablaba al oído. El día del derrumbe mis compañeros me juraron que ellos asistían a sus hijos, pero uno mintió. Al momento de la avalancha lo confesó, pero ya era tarde. Los gases nos ahogaban cuando asomó el Muki, animándome a seguirlo por una ruta desconocida. Había optado por el perdón, y así salvamos la vida.
Fue un aviso -dijo la niña- El abuelito nos ha contado que en Arequipa los llaman “Chinchilicos”; en Puno, “Anchanchos”; y en Cajamarca, «Jusshis».
-Así es... Sabes, tuvimos mucho temor -continuó Bruno-, pero tenía la certeza que nuestros Mukis no eran malignos sino juguetones, aunque severísimos con los irresponsables. Así lo entendimos entonces.
Felices, Bruno y los suyos durmieron mejor, mientras que el Muki vigilaba al pueblo de Tingo.
FIN

Fernando Grados Laos
Fuente: ColecciónAmiguitos

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