LAS HADAS - CUENTOS DE HADAS


LAS HADAS

Érase una viuda con una hija y una hijastra. Ella y su hija eran tan odiosas y pedantes que pocos las soportaban.

La hijastra, tierna y bella, había aprendido de su padre los buenos modales. La viuda adoraba a su hija pero odiaba a su hijastra, a quien obligaba a trabajar sin descanso.
Un día que la hijastra se fue al bosque, se le acercó una pobre mujer que le dijo estar sedienta.
La bella Joven no dudó en darle de beber.
-Eres tan buena que te daré un don (era el hada que probaba las virtudes):
“Por cada palabra que digas saldrán de tu boca sólo preciosidades”.
Ya en casa, cuando explicaba su tardanza, salieron de su boca flores, perlas y diamantes.
“¡Demonios! -gritó la madrastra-.
¿Qué te pasó, muchacha?”.
Y ella, ingenua, le contó lo sucedido.
Cegada por la ambición, la mujer obligó a que su hija vaya en busca de la anciana.
Allí se le apareció el hada, ahora vestida muy elegante, pues era la que probaba las malas acciones. Al pedir agua, la joven le contestó:
-Sírvete tú misma de mi lujosa jarra de plata.
-Por no ser servicial -sentenció el hada - te daré un don: «Por cada palabra que pronuncies saldrán de ti maldades».
Ya en casa, la hija expulsó sapos y culebras. La madre, fuera de sí, culpó a su hijastra de la maldición, saliendo a buscaría para matarla. La joven huyó refugiándose en el bosque, donde un príncipe la halló desolada. Se lo contó todo y él juró defenderla, al tiempo que le declaraba su amor, impresionado por la hermosura de sus palabras.
Tiempo después, la boda se consagró para dicha del rey. La viuda y su hija fueron condenadas a vagar por el bosque, pagando así todas sus maldades.
FIN

Charles Perrault
Fuente: ColecciónAmiguitos

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