IMAGEN DE LA GRIPE - DÍA DE LA SALUD


IMAGEN DE LA GRIPE

En los primeros años del siglo pasado, la gripe causó gran estrago en Áncash. Cuando cesó la epidemia circularon muchos cuentos.
En el seno de una familia distinguida de Huaraz, la enfermedad mató casi a todos. Sobrevivieron sólo la madre y un hijo joven. Éste, dolido por la muerte de su padre y hermanos juró venganza.
Se creía que, cuando todo quedaba envuelto por la soledad nocturna, una persona misteriosa iba de puerta en puerta derramando la peste. Nadie sabía si varón o mujer o si era joven o viejo.
El joven valiente decidió salir a buscarlo para darle muerte. De nada sirvieron las súplicas de su madre que trató de detenerlo.
El joven partió y galopó durante muchos días, por extraños lugares. En todo pueblo adonde llegaba, encontraba muertos. Unos tirados en las calles, otros junto a los pozos de agua, hasta donde se arrastraban para beber una gota de agua la que aplacarían la fiebre que los abrasaba.
Los pocos sobrevivientes vagaban, como ausentes del mundo, sin poder hablar. Por ello, el joven no pudo obtener ninguna noticia sobre su mortífero enemigo.
Un día llegó a una carretera ancha y polvorienta que ardía bajo el Sol.
Allí halló a su mortal enemiga. Estaba sentada en la orilla, a la sombra de un árbol frondoso. Era una mujer joven y muy hermoso: llevaba un vestido fino, aretes de oro, en sus manos tersas y blancas como su rostro, sostenía una verde rama de eucalipto tierno, con la que se aireaba fatigada de calor.

El caballo del joven valiente se plantó delante de ella. La bella mujer le dijo al joven que no siguiera buscándola.
El, encendido de cólera le gritó:
-¡Voy a matarte!
-No pienses más en eso, más bien acércate -expresó ella.
La actitud de la mortal enemiga escandalizó al joven valiente.
La iba a atacar; pero se dio cuenta que él era un muerto que caminaba.
Su caballo dio un lastimero relincho y el mundo entró en un absoluto silencio.
La mujer insistió para que se le acercara.
El alma del joven caminó hacia ella. Cuando lo tuvo cerca, le entregó una rama de eucalipto, tierna
y aceitosa.
Luego le dijo:
-¡Huélela! La vida y la salud volverán a ti.
El alma del joven cogió la tierna rama y la olió profundamente. Su delicioso aroma hizo que la vida y la salud empezaran a circular de nuevo por su cuerpo como un fluido eléctrico.
-Ahora, regresa a tu pueblo -le dijo la bella mujer. Diles que ya- me voy, pero volveré un día. Para entonces, estén preparados, reúnan ramas de eucalipto en abundancia. Esas ramas les curarán.
Marcos Yauri Monte 
Fuente: megaEditores

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