DUENDECILLOS - CUENTOS CLÁSICOS - LOS HERMANOS GRIMM


DUENDECILLOS

Un zapatero empobreció tanto que sólo tenía cuero para un par de calzados.
Los cortó en la noche para coserlos al otro día, y tuvo un grato despertar: ¡los zapatos lucían acabados!
Sin titubear los ofertó, recibiendo el doble de su costo por ser tan preciosos.
Así compró cuero para dos pares más y siguió el encanto, hasta tener tantos pares que ganó una fortuna.
En plena Nochebuena el zapatero le dijo a su mujer: «Hoy no dormiremos para saber quién nos ha ayudado».
Ella aceptó, ocultándose ambos tras el arbolito navideño.
De pronto, justo a las doce, asomaron dos graciosos hombrecillos, quienes con sus deditos cosieron y clavaron con tanta maestría que no podían creerlo, hasta dejar todo listo y desaparecer de un salto.
Estos duendecitos nos han enriquecido - dijo la mujer- y debemos agradecerles.
Parecen sentir mucho frío con ropas tan livianas. ¡Va sé! Les coseré camisitas, chaquetas, calzoncitos y medias; tú les harás los zapatitos.
El zapatero aceptó de buena gana.
Va de noche colocaron las prendas sobre la mesa, escondiéndose para ver cómo reaccionarían los duendes con el regalo.
A medianoche llegaron, alistándose para su labor diaria; pero en vez de cuero hallaron las lindas prendas.
Temerosos primero y luego felices se vistieron, y alisándose los cabellos se pusieron a cantar: “¿No somos ya dos mozos guapos y elegantes? ¿Por qué seguir zapateros como antes?”.
Y saltando y danzando se fueron para no volver más. El zapatero fue muy feliz toda su vida, cristalizando todos sus deseos al lado de su bondadosa esposa.
FIN

Los Hermanos Grimm
Fuente: ColecciónAmiguitos

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada