AFORTUNADA - CUENTO CLÁSICO


AFORTUNADA

Erase un pobre labrador que legó a su hijo Bedou dos escabeles o banquitos, un jergón y su gallina; y unos claveles con un junco de plata que el hada del bosque regaló para su hija, si la llamaba Afortunada.
A la hermosa joven la orfandad la doblegó cuando Bedou le prohibió usar sus banquitos y le negó un plato de comida.
Llorosa se refugió en sus claveles.
Cuando recogía agua del manantial, para regarlos, se le apareció el hada del bosque, quien al reconocerla le regaló un cántaro de oro con una mágica sustancia.
Afortunada quiso darle sus claveles pero Bedou los había robado, dándole sólo su junco. Luego corrió a vengarse con la gallina de su hermano, pero esta y una col la frenaron al revelarle un secreto: «Tu verdadero padre es el rey y tu madre la hermana del hada... Yo fui su nodriza»
-El rey quiso matarte -siguió la gallina- pues sólo quería hijos varones. Tu tía, el hada del bosque, te salvó al morir tu madre y te entregó a mi esposo el labrador; a mí me convirtió en gallina para que no revelase el secreto.
Aún aturdida, Afortunada buscó sus claveles en el jergón de Bedou cuando unas voraces ratas la atacaron, hiriéndola. Ella les lanzó el líquido divino del cántaro, matando a todas y salvando sus claveles.
Luego, el hada quiso castigar a Bedou pero ella lo evitó; en cambio rogó que lo hiciera bueno, y así lo hizo, justo cuando un clavel le habló resaltando su hermosura.
«Es mi hijo -le dijo el hada-, tú le devolverás la humanidad si lo riegas con agua del cántaro y aceptas ser su esposa».
Ella dijo que sí.
De ese modo asomó un hermoso príncipe, la gallina recobró la forma humana y todos fueron muy felices.
FIN


Madame D´ Aulnoy
Fuente: ColecciónAmiguitos

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