EL ALFARERO Y EL LAVANDERO - CUENTO DEL DÍA DEL TRABAJO

EL ALFARERO Y EL LAVANDERO

En un lejano país vivían hace mucho tiempo un alfarero y un lavandero. El lavandero era muy alegre y trabajador; por eso su negocio marchaba viento en popa. Al alfarero, por el contrario, no le iban las cosas tan bien como él deseaba; por eso envidiaba profundamente al lavandero.
Cierto día, el alfarero decidió jugar a su vecino una mala pasada. Así que ni corto ni perezoso se presentó ante el rey y le dijo:
-Majestad, he oído que sentís predilección por los elefantes. Y sin duda querríais tener un elefante blanco. Mi vecino es un excelente lavandero; si se lo pidierais, él podría lavar uno de vuestros elefantes grises y dejarlo como la nieve. Así os convertiréis en el dueño del único elefante blanco del mundo.
El rey, que no era muy listo, se creyó lo que contaba el alfarero y mandó a buscar al lavandero.
Cuando el lavandero se presentó ante el monarca, éste le ordenó:
-Quiero que laves a ese elefante de modo que quede todo blanco.
Al escuchar la orden del rey, al lavandero le dieron ganas de reírse, pero vio su aire grave y permaneció serio. El lavandero, que ya había adivinado quién era el causante de todo aquel lío, le dijo al rey:
-Señor; haré todo lo posible por complaceros. Pero no podré lavar vuestro elefante si no dispongo de un recipiente lo suficientemente grande para poder meter al animal dentro con agua y jabón.
Y la única persona capaz de hacer un recipiente así es, el alfarero.
Entonces, el rey hizo llamar al alfarero y le dijo:
-El lavandero necesita un gran recipiente para poner al elefante en remojo. Así pues, te ordeno que construyas uno lo suficientemente grande para que quepa mi elefante.
El alfarero se vio atrapado en sus propias redes.
No obstante, reunió montañas de arcilla y trabajó y trabajó durante días hasta que consiguió fabricar un recipiente enorme.
Una vez terminado, lo llevó al palacio, pensando que la noticia de su inmenso recipiente correría de boca en boca y su fama se extendería por todos los rincones del reino.
Cuando el recipiente llegó a palacio, el rey mandó llamar al lavandero. Éste llenó de agua el enorme recipiente y pidió que metieran al elefante dentro.
Los guardias de palacio así lo hicieron.
Pero apenas el elefante puso la pata en el recipiente, la arcilla se quebró y se rompió en mil pedazos.
Cuando el rey vio lo sucedido, ordenó castigar al alfarero.
Pero el lavandero, que tenía buen corazón, intercedió por él, y el rey finalmente lo perdonó.
Desde entonces, el alfarero olvidó sus envidias y se mantuvo siempre agradecido al lavandero.
CUENTO HINDÚ

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