TESEO Y LA MUERTE DEL MINOTAURO


TESEO Y LA MUERTE DEL MINOTAURO

Teseo, hijo de Aetra y de Egeo, rey de Atenas, fue uno de los héroes preferidos de los antiguos griegos. Su aventura más famosa es aquella en que liberó a Atenas del pago del tributo impuesto por el rey Minos, de Creta.
Cada año, durante nueve consecutivos, Atenas se veía obligada a enviar siete jóvenes y siete muchachas a la isla de Creta, con los que Minos alimentaba a un monstruo llamado Minotauro. Éste vivía en un laberinto del que no se podía salir una vez entrado en él. Se hallaba atravesado por oscuras cavernas, corredores sin fin y muchas galerías terribles que conducían al centro del mismo. Yahi, el Minotauro esperaba a los jóvenes para devorarlos.
Había que pagar tributo por tercera vez y Teseo mismo se ofreció como una de las víctimas, con el propósito de liberar a su patria matando al monstruo.
Ya pesar de todas sus súplicas, Egeo no logró disuadir a su hijo.
En las ocasiones anteriores, el barco que conducía a las catorce víctimas hasta Creta llevaba velas negras, en señal de duelo, tanto a la ida como de regreso. Pero Teseo confiaba en que los dioses lo ayudarían. Su padre Egeo, entonces, le entregó dos juegos de velas negras para ir, pues el viaje era funesto; blancas para el regreso, si Teseo lograba vencer al Minotauro.
Ya en Creta, la hija del rey Minos, Ariadna, se enamoró perdidamente de Teseo. "Te ayudaré a matar al Minotauro - le prometió en secreto- si puedo volver a Atenas contigo como tu esposa". Y diciendo esto, le entregó un ovillo de hilo que le permitiría salir del laberinto. Teseo aceptó el ofrecimiento de la bella joven conmovido ante tanta bondad y le prometió casarse con ella.
Siguió sus instrucciones fielmente: al entrar en el laberinto, ató a la puerta el extremo suelto del hilo. El ovillo se fue desenredando y disminuyendo a medida que avanzaba por entre las galerías hasta que encontró al temible monstruo.
Tras una dura lucha, Teseo derribó al Minotauro a puñetazos y logró matarlo, y luego recorriendo el camino que marcaba el kilo, logró salir del laberinto. Allí lo aguardaba Ariadna, con quien huyó rápidamente antes de ser descubiertos por Minas. Al llegar al puerto, escaparon en la nave ateniense hacia la isla de Naxos, donde desembarcaron para descansar. Ariadna se durmió a la orilla, y al día siguiente cuando despertó estaba sola. La nave de Teseo había vuelto a marchar sin ella.
Sin embargo, Teseo, por el dolor de haber abandonado a Ariadna, olvidó cambiar las velas de la nave. El rey Egeo, al divisar desde una roca muy alta la nave que volvía con sus velas negras, creyó que su hijo había perecido y, de desesperación se arrojó al mar que, desde entonces, lleva su nombre.
Al llegar a Atenas, Teseo no encontró la alegría esperada por la victoria, sino la pena y el llanto por la muerte de su padre.

1 comentario: