EL NACIMIENTO DEL SOL - MITO TEOTIHUACANO


EL NACIMIENTO DEL SOL

Los dioses estaban tristes porque en la Tierra no había luz, no había días ni noches.
-¿Quién podrá dar el calor y la vida a los hombres? -se preguntaban preocupados.
El Señor de los Caracoles se enteró del problema y, como era muy vanidoso, se presentó ante los dioses lujosamente vestido.
-Yo merezco brillar. Yo seré el Sol-les dijo.
Pero, al mirar a la concurrencia para recibir su aprobación, vio que en un rincón alguien levantaba la mano. -Yo quiero competir -se oyó una voz.
Todos se sorprendieron: el que había hablado era el Señor de las Heridas, el más despreciado de los dioses.
Había, por lo tanto, dos candidatos para transformarse en Sol, y se organizó una competencia para decidir cuál de ellos merecía semejante honor.
Los dos contendientes debían sortear difíciles pruebas y realizar ofrendas a los dioses para demostrar su valentía.
El día de la competencia, el Señor de los Caracoles mostraba orgulloso sus ropas hermosamente adornadas con metales.
-Ese dios irrespetuoso no podrá superar mi riqueza -pensaba al ver al Señor de las Heridas vestido con unos pobres y sucios harapos.
Sin embargo, a medida que pasaban las pruebas, el Señor de los Caracoles demostró que no sólo era vanidoso, sino también muy cobarde. Los dioses estaban más contentos con el coraje demostrado por el Señor de las Heridas que con los valiosos regalos ofrecidos por su competidor.
Por fin llegó el momento de la prueba decisiva. Todos los dioses se sentaron alrededor de la hoguera sagrada: los contendientes debían entrar en las llamas para transformarse en Sol.
El Señor de los Caracoles avanzó primero y saludó a los presentes. Al llegar ante la hoguera, sintió miedo y retrocedió.
-Las llamas son aún muy pequeñas -explicó para justificarse.
Hubo un murmullo general de aprobación. El gran Señor de los Caracoles se quitó su manto de plumas de quetzal y volvió a avanzar, pero, cuando ya estaba al borde del fuego, retrocedió nuevamente. No pudo disimular su miedo y tuvo que retirarse avergonzado.
Ahora le tocaba el turno al Señor de las Heridas.
En realidad, nadie creía realmente que fuera tan valiente.
-Si el Señor de los Caracoles fue incapaz de resistir la prueba, ¿cómo va a lograrlo un dios tan poco importante? -comentaban los dioses.
Ante la sorpresa de los presentes, el Señor de las Heridas avanzó sin temor hacia la hoguera y entró tranquilamente en las enormes lenguas de fuego, que en ese momento se hicieron más brillantes. Su rival, al ver la satisfacción de los dioses, no soportó la idea de ser menos que ese dios segundón y repentinamente entró también en el fuego.
De pronto, en el cielo apareció el disco radiante del Sol. Era el Señor de las Heridas, que se había transformado para dar la luz a los hombres. Pero, ¿qué era ese disco de menor tamaño y de luz blanquecina que avanzaba detrás del Sol?
-El Señor de los Caracoles no tiene luz propia porque tuvo miedo. Sólo se ha convertido en Luna, que refleja la luz del Sol -explicó uno de los dioses.
-Dos discos luminosos no pueden brillar al mismo tiempo -sostuvo otro dios-o La luz del Sol es suficiente para los días, no hace falta más.
-En cambio, de noche, cuando el Sol descansa, podría sustituirlo la Luna -propuso un tercero-. Su luz no es muy potente, pero también es hermosa.
-Entonces, hay que separarlos -acordaron todos.
Y es así que, a partir de ese momento, el Sol irradia su luz y su calor de día, mientras que la Luna ilumina las noches oscuras con su reflejo apagado.
MITO TEOTIHUACANO
México

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