LA ISLA DE LOS ÚLTIMOS TESOROS


LA ISLA DE LOS ÚLTIMOS TESOROS
Si un día cogen una barca y se aventuran mar adentro, una noche sentirán un leve escalofrío al comprobar que están solos en medio del ancho mar. Puede que hasta uno de ustedes diga:
-¡Volvamos! ¡Ya no puede haber nada interesante más allá!
Pero no lo hagan. Continúen un poco más y llegarán a una isla que, según cuenta la leyenda, guarda los más ricos tesoros del mundo. Desde hace muchísimos siglos, esta isla es la guarida de una dinastía de piratas que, de generación en generación, han ido enterrando allí sus tesoros.
Vista desde el mar, esta isla parece igual que las demás; pero, si saben encontrar el paso que se oculta entre las rocas, llegarán a una especie de lago central. Y allí verán alzarse majestuosa la antigua nave pirata con todos sus palos y velas.
Y ondeando al viento, desafiante, la inconfundible bandera negra que fue el terror de los mares: la bandera de los piratas. ¡De los últimos piratas que quedan! ¡De los piratas del capitán Barbalila!
Pero el capitán Barbalila ya no está en aquella isla. Se ha marchado de allí porque sus hombres ya no quieren salir a la mar. No es que ahora tengan miedo, no, sino que tienen pereza. Todos se han hecho ricos. La isla está llena de tesoros enterrados y, claros, los piratas tienen todo lo que quieren: carros último modelo, calculadoras digitales, aparatos de video y televisores a colores. Lo hombres pasan el día viendo películas y más películas, sin que nada ni nadie pueda moverlos de su silla.
Cuando aún estaba en la isla, el capitán miraba a sus piratas y recordaba con nostalgia los viejos tiempos. Algunos días cogía el cuaderno de bitácora, soltaba el amarre de un bote y, dejándose mecer suavemente por el agua, se alejaba mar adentro. Abría el cuaderno y, en voz alta, iba leyendo el relato de las gestas y, abordajes que tanto renombre le habían dado.
Una tarde, cuando acababa de leer sus aventuras, el capitán Barbalila se dio cuenta de que no estaba solo.
Silenciosa, a su lado, navegaba una ballena.
- He oído tu historia - dijo la ballena - y por eso te he seguido. ¿Tú eres un pirata de verdad?
- Sí - contestó orgulloso Barbalila-. ¡Soy el último pirata!
Y le explicó cómo sus hombres se habían convertido en una pandilla de holgazanes.
- Pues yo soy la última ballena.
Y le explicó, ella también, cómo las ballenas habían ido desapareciendo de los mares.
Después, siguieron navegando juntos y en silencio. Y vieron que se habían hecho tan amigos que ya nunca más podrían separarse. Cada día salían al mar y se contabanuevas historias.
Una mañana, Barbalila fue a ver a la tripulación y, al encontrados a todos durmiendo como troncos, no pudo aguantar más. Recogió sus cosas y las colocó en el bote.
Después subió a cubierta y, sin mirar atrás se hizo a la mar. En las manos llevaba el cuaderno de bitácora. Al rato, apareció su amiga la ballena y juntos se fueron a otra isla que quedaba un poco más al Sur.
Y allí se instalaron a vivir.
Por eso, si algún día cogen una barca y se alejan mar adentro, y empiezan a sentir un poco de miedo y piensan que lo mejor sería regresar..., no lo hagan. Continúen unas millas más y encontrarán otra isla donde hay tesoro mucho más valiosos que en la primera. Allí están los mejores tesoros del mundo: el último pirata y la última ballena.
Josep María Rius, Jonna – El último pirata

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