EL DUEÑO DE LA LUNA


EL DUEÑO DE LA LUNA
Aquella noche no salió la Luna.
Al principio, la gente pensó que la tapaba alguna nube, pero el cielo estaba sereno, y la noche, estrellada. Podía decirse que la Luna solamente brillaba por su ausencia.
Tras una minuciosa búsqueda, los astrónomos encontraron la Luna en la zona de la constelación de Escorpio.
- ¡Mira dónde ha ido a colocarse! ¿Cómo lo habrá hecho?
En ese momento se oyó la voz del doctor
Terríbilis en todos los aparatos de radio de la Tierra
- ¡Atención, atención! Habla Terríbilis.
Terríbilis llama a la Tierra. Como podrán comprobar, me he apoderado de la Luna.
Si quieren recuperarla, tendrán que pagar su peso en oro. Los astrónomos saben su peso hasta el último gramo. Esperaré su respuesta durante veinticuatro horas. Si no aceptan mis condiciones, haré explotar la Luna y jamás volverán a verla. ¿Han comprendido bien? ¡Nunca más! Atención, atención.
Habla Terríbilis. Terríbilis llama a la Tierra...
Y para estar seguro de que lo habían comprendido, el diabólico científico repitió su mensaje dos veces más.
La desaparición eje la Luna causó espanto y preocupación de un extremo a otro de la Tierra.
- ¿Cómo vamos a contemplar el claro de la luna si ya no hay Luna? – se decían los soñadores
- Y yo que me iba a la cama con la luz de la Luna para ahorra electricidad, ¡No tendré más remedio que encender la lámpara! – exclamaba un avaro.
- ¡Qué nos devuelvan nuestra Luna! – clamaban los periódicos.
Un ratero empezó a ir por las casas diciendo que el comité le había encargado recoger oro necesario para comprar la Luna. Muchos ingenuos le entregaron anillos, aretes, collares y cadenas.
Cuando consiguió reunir alguna cantidad de oro, el ratero huyó y nadie volvió a saber nada de él.
Para suerte de la humanidad y de los amantes de la Luna, en aquel tiempo Vivía en Omegna, junto al lago de Orta, un científico tan inteligente como el doctor Terríbilis, llamado Magnéticus. Sin decir nada a nadie, fabricó en pocas horas un superimán atómico con el que atrajo a la Luna a su antigua órbita, a la distancia exacta de la Tierra.
Terríbilis puso en funcionamiento todas las espantosas energias de su supercrik, pero fue en vano: contra el imán de Magnéticus no había nada que hacer. Despechado, Terríbilis emigró al planeta Júpiter.
La gente nunca supo quien ni como había reconquistado la Luna, sin batallar ni gastar dinero. A Magnéticus no le interesaba la gloria y guardó su secreto. Además, él estaba ocupado con un invento importante: el de los botones que nunca se caen. Como es bien sabido, después ha pasado a la historia por este invento.

Gianni Rodari.
Cuentos Para Jugar.

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