LEÓN DE HOYOS - RESUMEN - TRADICIONES DE RICARDO PALMA


LEÓN DE HOYOS
Muchos recordarán el febril entusiasmo que, desde 1862 hasta 1863, hubo en nuestros centros sociales y políticos con motivo de la intervención europea en México.
Cada plazuela era una asamblea, cada concurrente un orador, cada poeta un Tirteo. Especialmente en el teatro, hasta las señoritas pagaban tributo de americanismo, pues se les exigía que cantasen el Himno Nacional.
- ¡El palco número diez! -gritaba algún mozalbete.
Y el público exigía. Supiera o no modular, cantaba una de las niñas del palco. Felizmente, apareció un redentor.
Entre artistas vocales improvisados descolló uno de poderosa voz de bajo, quien no desperdiciaba ocasión de lucirla. Era un caballero que se llamaba León de Hoyos. Y realmente que honraba el nombre: sabía rugir.
Pues bien: compadecido de los apuros en Que la exigencia del público ponía a las niñas, se hacía solicitar él.
Pero llegó a encariñarse tanto con su amabilidad, que pretendió el monopolio absoluto.
- ¡La del palco veintiuno! -apuntaban algunas voces.
- Sacaré la cara por ella -decía y nos regalaba la estrofa:
“Largo tiempo el peruano oprimido”, etc.
- ¡La del palco número quince!
- Sacaré la cara por ella y soltaba esta estrofa: “Ya el estruendo de broncas cadenas”, etc.
- ¡La del número nueve!
- Sacaré la cara por ella -y nos aguantábamos aquello de: “Por doquier San Martín inflamado”, etc.
Hasta que un chusco, el festivo poeta Juan Vicente Camacho, aprovechando de una pausa, gritó con toda la fuerza de sus robustos pulmones: “Salimos del León de Iberia: ¿no saldremos del León de Hoyos?”. ¡Tapón!
Fuente: Tradiciones De Ricardo Palma.

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