CUENTO DE ESPERANZA - UNA LUZ DE ESPERANZA


UNA LUZ DE ESPERANZA
Un mes faltaba para que Sandrita cumpliera catorce años y, como es propio en su edad, se ilusionaba con una fiesta rodeada de familiares y sus compañeras de estudios, que por cierto eran muchas. Sin embargo, lejos estaba de imaginar del terrible mal que se apoderaba de su cuerpo.
Fue examinada por médicos particulares y en el Hospital del Niño, sin que dieran con la causa de sus ahogos que cada día se hacían más frecuentes. Cuando sus padres muy angustiados ya no sabían que hacer, el Señor Todopoderoso, los encaminó a otro médico quien encontró la causa de su mal. Detectó con la fluoroscopía un tumor maligno detrás de la tráquea. Era el terrible cáncer, que luego lo confirmaron una y otra radiografías.
Sandrita fue transferida al Instituto de Neoplásicas donde le continuaron los exámenes médicos: biopsias, ecografías, análisis de sangre, tomografías; felizmente todo en muy corto tiempo. El diagnóstico definitivo linfoma de Hodgkin, produjo gran desesperación y llanto en sus padres y hermana.
La fe se acrecentó en la familia, y en sus frecuentes oraciones piden por la sanación de Sandrita; quien con valentía y resignación afronta su enfermedad, consciente del inminente peligro que corre su vida. Ella con mucha naturalidad expresa que el Señor la ha escogido para ayudarle a cargar la cruz y que sus dolencias son insignificantes comparadas a las que padeció Jesús.
El médico dio inicio a las sesiones de quimioterapia el 12 de setiembre de 1997 y desde entonces, cada catorce días se somete a la tortura de inyectarse los fuertes fármacos necesarios para su curación. Transcurridas seis sesiones, el médico ordenó nueva tomografía. Hecha la prueba y visto los resultados da la buena nueva, que como una luz de esperanza, devuelve el alma al cuerpo, porque el tumor disminuyó de tamaño.
El cáncer está siendo derrotado, lo que indica que hay muchas posibilidades de curación. Todavía le restan 6 sesiones de quimioterapia, luego vendrán las sesiones de radioterapia, incluso el trasplante de médula y con la bendición de Dios, va en proceso de mejoría.
Sus padres no dejan de agradecer los gestos de solidaridad recibidos en el trabajo y en los familiares; quienes los apoyaron moral y económicamente. La preocupación de los vecinos y amigos que siempre indagan por su salud; y las visitas frecuentes de los profesores y compañeras de estudios de Sandrita. Esta demostración de afecto y solidaridad actúa como poderosa medicina que contribuye a su recuperación.
Anónimo

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