CUENTO DE ENVIDIA - LA ENVIDIA


LA ENVIDIA
Yo estimo a Salinas -aunque es un fanfarrón-, pero me disgusta esa envidia que le tiene a Flores. Salinas se deshace en lamentaciones y dice en su casa que el maestro comete injusticias. Cuando Flores responde tan formidablemente a todas las preguntas, él pone la cara hosca, baja la cabeza y luego se esfuerza por sonreír. Y como todos saben, cuando el maestro alaba a Flores todo el mundo se vuelve a mirar a Salinas que traga veneno por saliva.
Cuando el maestro anunció el resultado de los exámenes: "Flores dieciocho y la primera medalla", Salinas soltó un estornudo harto escandaloso. El profesor, a quien no se le escapa un detalle, le dijo:
- Salinas procura que no se apodere de ti la serpiente de la envidia; es una bestezuela que roe el cerebro y corrompe el corazón.
Todos, menos Flores, mirábamos al cascarrabias: estaba como petrificado; quiso responder, pero no pudo.
Más tarde, mientras el maestro daba la lección, Salinas se puso a escribir con gruesos caracteres sobre una cuartilla: "Yo no envidio a los que ganan primeras medallas por favor y con injusticia". Quería mandarle el papel a Flores; mientras, un amigo de éste recortaba una gran medalla de cartón sobre la cual había dibujado una serpiente negra.
Aprovechando que el maestro salió un momento de clase, los que estaban junto a Flores se levantaron para hacer solemne entrega del cartoncito a Salinas; y cuando todos esperábamos la gran escena, Flores advertido, gritó:
- ¡Dádmela!
- ¡Muy bien! - aprobaron algunos - Lo mejor es que se la entregues tú mismo.
Pero Flores recogió la medallita y la hizo mil pedazos, no sin que antes acertara a verla su destinatario...
Cuando el maestro regresó, Salinas estaba arrugando disimuladamente su cuartilla, para arrojarla después bajo la mesa, como así lo hizo. Pero, ¡lo que son las cosas!; creyendo Flores que aquello se le había caído involuntariamente a Salinas, recogió del suelo la bolita y se la dio diciéndole:
- Toma; debe ser tuyo.
Aún no acierto a explicarme cómo pudimos contener la risa. Debió ser un milagro del cielo...

Edmundo de Amicis - Italiano

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