EL REY CUERVO - Resumen


EL REY CUERVO


Había un rey que tenía una bellísima hija, pero era tan engreída que no conseguía casarse.
Un día, el rey invitó a los nobles solteros de la corte; pero a todos la princesa desdeñó.
-¡Dios! -se burló de uno-, ese tiene mentón de pico de cuervo. y lo apodaron «rey cuervo». El rey, molesto, juró casarla con el primer mendigo que pasara por palacio. Días después, un infeliz se puso a cantar en el portón pidiendo una limosna: -Cantas tan bien -le dijo el rey- que te casaré con mi hija. Ella se asustó pero el rey fue enfático, celebrándose la boda a toda prisa. Y el soberano se despidió así de su hija: -Un mendigo no puede vivir acá, así que sigue a tu esposo.
Se fueron a pie; hasta que ella, cansada, le preguntó:
-¿A quién pertenece este magnífico bosque?
-Al «rey cuervo» -le dijo- Pudo ser tuyo, pero te - burlaste de él. Y se lamentaba ante tantas riquezas del «rey cuervo».
Llegaron así a su pobre choza. Al otro día, el mendigo le pidió que le preparase algo; pero todo lo hacía torpemente.
-¡No sirves para nada! -le gritó-Ojalá puedas vender estos frascos de ungüento en el mercado del pueblo.
-¡Dios! -gritó ella-. ¡Si me ven así, se burlarán despiadadamente! Al inicio le fue bien; pero un borracho casi la atropella con su caballo, cayendo los frascos y quebrándose en mil pedazos.
Llorando, volvió a casa y le contó al esposo lo ocurrido.
-¡Inútil! -le gritó- En el castillo piden una criada, ¡ve allí ahora! y tuvo que realizar los más humillantes servicios.
Al día siguiente, presenció una gran fiesta del rey. Ante tanto lujo, maldijo su orgulloso engreimiento. De pronto, entró el famoso «rey cuervo», quien al verla tan bella la invitó a bailar. Ella se negó avergonzada, evocando su ofensa. Y corrió a la salida, dejando caer los alimentos que llevaba para su esposo. Y eso, provocó la burla de la gente. Quiso huir, pero alguien la frenó. Al elevar la vista, vio nuevamente al «rey cuervo»:
-No temas, -le dijo tiernamente- el mendigo que te desposó y yo, somos la misma persona. El borracho que quebró tus frascos, también fui yo. Todo lo hice para castigar así tu altanería.
-Muchas quejas debes de tener en mi contra -dijo ella sollozando- y, desde luego, soy muy indigna de ser tu esposa.
- Yo te perdono porque te amo. Ahora, seremos felices. Le restituyeron sus vestiduras y el rey llegó con su corte para retirar el castigo. Fin
Los Hermanos Grimm

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