LA CAPERUCITA ROJA Y EL LOBO


CAPERUCITA ROJA
Era una hermosa niña, a quien llamaban Caperucita Roja, debido a la caperuza que acostumbró a vestir desde muy pequeña. Por esos días un hambriento lobo feroz la seguía sin cesar y ella no podía notarlo.
Una tarde, su madre le dijo: "Deberás ir donde tu abuelita que está muy enferma y llévale estas frutas, panecillos y un poco de miel. Torna el camino más corto del bosque que pronto anochecerá".
Caperucita caminó de prisa, pero se entretuvo cogiendo lindas flores que obsequiaría a su abuelita. De pronto, la horrible figura de un lobo emergió de la maleza.
La niña quiso huir, asustada, pero la voz amable del animal consiguió detenerla:
"¿Dónde vas, linda niñita?", le dijo y Caperucita, que no creía en la maldad, se lo contó todo. Fue así que el lobo ideó su vil estrategia: “Jugaremos a las carreras para llegar más rápido. Tú irás por allí y yo por la otra vía. ¡Y ya!", gritó y el lobo feroz tornó el camino más corto.
Llegó a la casa de la abuelita, derribó la puerta y trató de comerse a la anciana.
La abuelita corrió muy a tiempo, escondiéndose en un viejo baúl de madera. El lobo feroz quiso insistir, pero divisó por la ventana que la niña ya se acercaba por el camino elegido. Sin perder tiempo se vistió con las ropas de la anciana y se introdujo entre las sábanas de su lecho.

Al tocar la puerta, la inocente Caperucita seguía buscando la presencia del lobo, pero una voz rarísima le hizo despertar de su aturdimiento: "¡Pasa, nieta mía!", dijo el lobo y la niña pensó: “¿Tan ronca está?”. Entró, y al acercarse preguntó a su abuela: "¿Por qué esas orejas?", y el tobo contestó: "Para escucharte mejor". "¿y tus manazas?", y dijo: "Para abrazarte mejor". “¿y tu tremenda bocaza?”, y el lobo feroz, saltando del lecho, gritó; “¡Para comerte mejor!”, y con sus garras quiso atrapar a la pequeña.


Fue una lucha desigual y aunque Caperucita se defendía con mucho valor, el lobo feroz quería devorar como sea a la pobre niña. Sin embargo, tantos fueron sus gritos que un leñador que pasaba por el camino reparó en ellos y no dudó en acudir en su auxilio. Tomó su hacha, derribó la puerta, enfrentando al feroz animal que ya había vencido las fuerzas de la frágil Caperucita Roja, sintiéndose finalmente a salvo.

El leñador aplicó todas sus fuerzas y el lobo, vencido y cobarde, pidió perdón por todas sus fechorías. La cárcel iba a ser su próxima morada.
Repuesta del susto, la niña preguntó por su abuelita y ella salió presta del viejo baúl de madera. Luego de agradecer al buen leñador, se abrazaron felices y marcharon a casa de Caperucita. Allí la esperaban sus queridos padres.
“Aprende a desenmascarar al malvado”
Autor: Charles Perrault

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