CUPIDO


CUPIDO - Ricardo Mariño.
Ni bien se recibió en la Escuela de Ángeles, Cupido 1238 fue destinado a formar parejas de enamorados en el barrio de Almagro. Para provocar el enamoramiento, Cupido 1238 tenía que aprovechar el momento en que un hombre y una mujer se encontraran cercar y acertarle un flechazo en sus corazones.
Había un problema: la puntería de Cupido era pésima. En su primera semana como encargado del amor en Almagro, Cupido 1238 había disparado tan mal que los vecinos estaban asombrados: un señor pelados se había enamorado de una frágil estatua; y una chica andaba de novia con un teléfono público; un doberman se quería casar con una enfermera; un policía le mandaba carta de amor a una ráfaga de aire fresco.

Cuando la gente empezó a protestar, Cupido 1238 se puso muy mal. También fueron a presentarles sus parejas el Cupido encargado del amor entre perros y el responsable del amor entre objetos. ¿Por qué se metía donde no le correspondía?, le decían los otros Cupidos.
Entonces, Cupido 1238 se quedó sentadito en una hamaca de la plaza y dejó de arrojar flechas.

Así fue como nadie volvió a enamorase y todo el mundo vivía triste. Los poetas dejaron de escribir poesías de amor y a las chicas lindas nadie las miraba. Hasta que un día Cupido 1238 fue citado de urgencia por el Capo Máximo de los Cupidos de las Nubes. El Capo le aconsejó que consultara al oculista y practicara tiro.

El oculista de las nubes dijo que Cupido 1238 no veía bien y le hizo una receta. ¡Así se convirtió Cupido 1238 en el único angelito con anteojos! Desde entonces, no erró nunca más un flechazo, salvo cuando quería hacer travesuras: un flaquito chiquito enamorado de una gorda inmensa; una mujer de novia con un hombre igualito a ella, y cosas así.

Ricardo Mariño.

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